
Episode 7
Episode 7 | 55m 16sVideo has Closed Captions
A corpse, rising tensions and new emotions push Elena, Julio and the women to breaking points.
The women struggle to hide Pelayo’s body as mistakes, secrets and new emotions collide, forcing Elena and Julio to face their undeniable attraction.
Problems playing video? | Closed Captioning Feedback
Problems playing video? | Closed Captioning Feedback

Episode 7
Episode 7 | 55m 16sVideo has Closed Captions
The women struggle to hide Pelayo’s body as mistakes, secrets and new emotions collide, forcing Elena and Julio to face their undeniable attraction.
Problems playing video? | Closed Captioning Feedback
How to Watch La Favorita 1922
La Favorita 1922 is available to stream on pbs.org and the free PBS App, available on iPhone, Apple TV, Android TV, Android smartphones, Amazon Fire TV, Amazon Fire Tablet, Roku, Samsung Smart TV, and Vizio.
Providing Support for PBS.org
Learn Moreabout PBS online sponsorship-Lourdes, ¿y el fiambre?
-Ay, hija, digo yo que de la bañera no se habrá movido, ¿no?
-Por Dios, Lourdes.
El fiambre de pavo trufado que está en el horno.
Que cuánto le falta.
-Ay, hija, no sé.
-Chicas, no podemos estar así.
Tenemos que tranquilizarnos.
Y hay que mantener la calma porque sino -- [ Suena el reloj ] [ Gritos ] [ Suena el reloj ] -Hablando del otro fiambre, hay que cambiarle el hielo.
Así que ¿quién va?
-Yo tengo que sacar las cosas del horno.
-No, chicas.
¡Todas quietas!
No se va a liberar nadie.
Lo echamos a suertes.
Hombre, ya.
Muy bien, coged uno.
Vamos.
-No, no.
¿Se lo cambio a alguien?
Por favor.
Le lavo la loza durante todo el mes.
-Rosa, deja de lloriquear.
Te ha tocado a ti.
-Pero es que el hielo pesa mucho.
-Bueno, pues que te ayude Lourdes, Rosa.
-¿Yo?
Yo no puedo.
Yo tengo el fiambre a la mitad.
No puedo, no puedo.
¿Y tú qué?
¿Tú no vas a sacar palito?
-Yo voy a hacer el siguiente turno porque aquí hay mucho lío.
De verdad, ya está.
Las dos a la fresquera.
Sacáis todo el hielo y ahora pido más.
Vamos.
-Yo no lo pienso tocar porque te ha tocado a ti.
-Que yo tampoco lo quiero tocar.
-Ana, que hay un franchute ahí muy raro que dice no sé qué, te trae unos sombreros.
-¡Ay, François!
François.
Es verdad, se me había olvidado.
Ahora salgo.
-Pero con la que nos está cayendo, ¿te pones a comprar sombreros?
-No es exactamente lo que parece.
-Camembert, brie, roquefort, lo que queráis.
Me cuesta mucho colarlo por la frontera.
-No me extraña, con lo que huelen.
-Huelen fuerte, sí, pero son una delicia.
-Yo creo que podríamos ofrecerlos fuera de carta con un buen vino.
-Pero es mercancía de contrabando, ¿verdad?
¿Tú crees que nos podemos permitir atraer a las autoridades justo ahora?
Lo siento, no nos interesa.
-Elena, es una buena oportunidad.
Nadie en la ciudad tiene un producto como este.
-Tenemos un lío gigante en casa, Ana.
Ni siquiera sé si Julio nos ha denunciado a la policía.
-¿Pero no dijiste que confiabas en él?
-Lo intento, pero no ha vuelto por aquí.
No es momento para esto, de verdad.
-¿Entonces me voy?
¿Para esto me haces venir?
-No.
No, espera porque sé que si los prueba le van a encantar.
-[ Hablando francés ] Me voy a hacer otras visitas.
Tú piensas lo que quieres, lo apuntas y luego vuelvo.
¿De acuerdo?
-Perfecto.
Gracias, François.
-Muy buenas, tortolitos.
Acompáñenme, que les vamos a dar una manduca de chuparse los dedos.
-Roberto, ven.
-Un momento.
-¿Cuántas veces te he dicho que no hables así a nuestros clientes?
Que esto no es una tasca.
-Por darle un toque familiar.
-No lo hagas más.
-Mira, bonita -- -Me da igual, Roberto.
Me da igual.
Te lo voy a dejar muy claro.
Aquí las cosas se hacen como yo quiero.
Si te molesta, te vas.
Y si tienes algún problema con que yo sea tu jefa, te vas.
¿Entendido?
-Meridiano.
-Atiende.
-Por favor.
-El padre Damián recibe esta tarde a las ocho para empezar el curso prematrimonial.
-¿Y no podemos empezar otro día?
Es que hoy tenemos mucha faena.
-Rosi, ¿qué hay más importante que nuestra boda?
-Cosas.
-Cosas.
-Del restaurante.
-Mira, te espero esta tarde a las ocho en la puerta de la parroquia, ¿sí?
-Que no puede.
¿No te lo acaba de decir?
Tenemos mucho lío.
-¿Por qué no hablas con el padre Damián y vemos si nos puede hacer hueco otro día?
-Qué ganas tengo de que dejes este sitio.
-Venga, niña, marchando.
-Si no es mal chico.
En el fondo es muy cariñoso.
-Tiene que ser muy, muy, pero que muy en el fondo.
-Aquí falta un trozo.
Elena ha dicho que lo llevemos todo.
-Es igual.
Está casi todo.
Bueno, sí, he sido yo.
Es que con el susto me ha dado el telele de la mano.
Y el hielo es lo único que me calma.
-De eso nada.
Vas a ir a que te vea el Dr.
Sarabia.
Me curó las paperas de niña.
Y si vas de mi parte, te hace un hueco.
-No estoy yo de ánimo para esas cosas.
Toma, coge.
-Lourdes, hicimos un trato.
Yo no contaba nada de lo tuyo si tú ibas al médico.
-Mira, eres más pesada que una vaca en brazos.
Toma.
Mañana voy.
-[ Grita ] -¡Cuidado con eso, muchacha!
Así vas a tener algún accidente.
-Perdona.
¿Había pedido hoy?
-No, no hay pedido.
Quería verte.
-¿Ah, sí?
-Cecilia.
Cecilia, necesito los segundos de la mesa 7.
-Hola, Ana.
¿Qué tal?
Bueno, yo bien.
-Qué bien se te ve.
Se te ve.
Prepáramelos, por favor.
Me llevo los entrantes.
-¿Te acuerdas de lo que te pedí?
-Ni idea.
-Necesito que me ayudes a conquistar a Ana, que ella se las sabe todas.
Y yo no sé dónde llevarla para que no se aburra.
Y digo yo que si quiero que se fije en mí, tendré que sorprenderla, ¿no?
-Claro.
Pues ahora no puedo.
Lo siento.
Tenemos mucho lío.
-No digo ahora, chica.
Cuando te venga bien.
-Que no puedo.
Cuando no estamos trabajando, estamos preparando el siguiente turno.
Y cuando no, estamos durmiendo.
-Cecilia, por favor.
Por favor, Cecilia, que estoy loquito por ella.
-Soy cocinera, no casamentera.
Y ahora vete.
Aire.
-Levántalo.
Yo le echo el hielo y nos largamos.
-¿Yo?
No, no, yo no toco eso ni harta de anís.
Levántalo tú.
-Lo llevas, claro.
No, no, no.
Mira, mejor se lo tiramos encima.
Total, quejarse no se va a quejar.
Vamos.
Este, este grande.
[ Gimotean ] Otro.
[ Timbre, tocan la puerta ] -[ Grita ] -¿Y si es la policía?
-Pero ¿por qué va a ser la policía?
No seas agorera.
[ Timbre ] Shh.
Si es la policía, no abrimos.
-¿Pero eso se puede?
-Con que crean que no hay nadie.
[ Timbre ] [ Timbre intermitente ] -[ Balbucea ] -Shh.
Ven.
[ Tocan la puerta ] -Abrid, que sé que estáis ahí.
No hagáis la sorda porque no me la coláis.
Venga, vamos.
Abrid.
-La cotilla de la vecina.
¿Qué, abro?
-[ Suspira ] Sra.
Peláez, qué alegría verla.
-Sí, ya, ya.
Una alegría tremenda.
Ese hueso se lo das a otro perro, que os tengo ya muy caladas.
En esta casa hay mucho trajín.
-¿Trajín?
-Mucho trajín.
-No, no, pero nosotras somos muy decentes.
-Y yo me chupo el dedo, ¿no?
Eso es agua, ¿no?
Sí, sí, es agua.
Uy, cuánta agua.
¿Y de dónde viene ese agua?
Ay, jm.
Como salgan humedades, estáis en un buen lío.
-Señora, esta es nuestra casa.
Usted no puede ir y venir cuando le dé la gana.
-¿Y los tiparracos que vinieron anoche?
Esos sí pueden subir aquí y entrar cuando les dé la gana, no?
-¿Qué tiparracos?
-¿A qué hora?
-La hora no lo sé porque yo no miré el reloj.
Ustedes sabréis, porque últimamente hay muchas visitas masculinas.
-¿Y cómo eran esos tiparracos?
-A ver, yo no los vi bien porque yo estaba limpiando la mirilla de mi puerta.
Por eso los vi pasar.
Uno de ellos había empeinado bien el codo, o tomado algo malo porque no se tenía de pie.
-¿Y el otro, cómo era?
Grande, muy grande.
Era como un armario.
-Con barba, y llevaba sombrero y un abrigo negro.
Es todo lo que nos ha dicho la vecina.
-Si el tipo entró en casa con el muerto a rastras, entonces, es que tiene que ser el... [ Al unísono ] El asesino.
Pero ¿dónde vas?
¿Elena?
-A hablar con el asesino.
-Jefe.
-Don Benito.
-Pero si es mi cocinera favorita.
¿Qué se te ofrece?
-Cuando le pedí protección, no era para que llegara a esos extremos.
-¿Qué quieres decir, bonita?
-Sabe perfectamente lo que quiero decir.
-Armando.
-Perdón.
-Ha sido usted.
-Mira, chata, no sé de qué me hablas, pero parece que tienes problemas.
A lo mejor te puede ayudar.
-Claro, lo ha hecho para eso, para que le deba un favor.
-Y dale.
Me parece que estás un poco teniente, que yo no he hecho nada.
Claro que si quieres que te ayude en lo que sea que te está pasando, me vas a tener que pagar.
Y si no tienes dinero, ya nos apañaremos de otra manera.
-¿Cómo se --?
-Uoh.
-[ Se ríe ] Tranquila, que no va por ahí.
-Yo no pienso -- -Shh.
-No pienso estar más en deuda con usted.
-Tú verás.
Aquí estaré para cuando me necesites.
Porque me vas a necesitar, guapa.
-Qué carácter.
[ Se ríen ] -Madre del amor hermoso.
Qué pestazo.
-No, no, no.
Si es que no puede ser.
No puede ser.
Yo pedí 10 quesos.
-Pues aquí pone 100.
-¡¿Qué?!
No, es imposible.
Imposible.
No, no, es imposible.
-Que, a ver, esta mañana estabas un poquito tensa con muchas cosas en la cabeza.
Son cosas que pasan.
-Pero ¿esto qué es?
-Nada, jefa, que nos han traído quesos para alimentar a media Francia.
-Es un error.
Un error porque yo, es que esto no lo he pedido.
-¿Cómo que no lo has pedido?
-No.
-Que pediste queso de contrabando cuando te dije que no lo hicieras, Ana.
-Sí, sí, sí.
Pero que te lo puedo explicar.
A ver, yo quería pedir 10 para que los probaras.
-Pero es que hay más de 100.
Y no sé cómo los vamos a pagar con la que tenemos encima.
Soluciónalo ahora.
¿Has vuelto?
-Sí.
¿Cómo estás?
¿Estás bien?
-Bueno, tengo un muerto en casa, un cargamento de quesos que no esperaba, un suegro que me persigue y... no sé si mi socio me ha denunciado a la policía.
Así que no, no estoy bien.
-¿Cómo te iba a denunciar?
-Saliste huyendo.
-¿Por qué no hablamos en un sitio más privado?
Perdona por salir corriendo, pero tenía que asimilarlo todo.
-No, sí lo entiendo.
Es demasiado y lo sé.
Estoy metida en un buen lío.
-Uno gigantesco, más bien.
-Ya sé quién mató a ese hombre.
Don Benito.
El muy canalla quiere que le pida ayuda y así deberle más dinero.
-Va a quedarse con las ganas porque no le vamos a necesitar.
-¿Vamos?
-Somos socios, ¿no?
Compartimos negocio, beneficios... y también los problemas.
Además, creo que tengo la solución.
Mi primo me deja su coche.
Es una chatarra, pero creo que nos servirá.
-Mm-jm.
-Vosotras preparad el... el paquete.
Esta noche a la una os recojo.
Lo llevaremos al Manzanares.
Allí la gente tira de todo.
-Ay, Dios.
-Ya.
Pensarán que somos buhoneros tirando quincalla.
Tranquila, todo va a ir bien.
-¿Y si no va bien?
¿Y si ese hombre habló con mi suegro antes de que lo mataran?
¿Y si sabe dónde estoy?
-Creo que hay una manera de despistarle.
[ Bullicio ] -Gracias, Ramiro.
-"Han escapado a México.
Stop.
Embarco tras ellas.
Stop.
Mandaré noticias desde allí.
Stop".
-Madre mía, qué peste.
Menos mal que nos lo vamos a quitar ya de encima.
-Cualquiera se baña luego ahí.
Después de esto... -Vamos, chicas, que Julio está a punto de llegar.
-Pero ¿cómo lo vamos a sacar?
¿Y si está la Sra.
Peláez haciendo guardia?
-Pues mira, lo tiramos por la ventana.
-Total, como daño no se va a hacer.
-¿Sois brutas?
La solución está bajo vuestros pies.
-¿Quieres que hagamos un agujero en el suelo?
-Lourdes.
-Aquí solo está la alfombra.
-Precisamente.
-Uf.
Vamos.
Venga.
Vamos.
-Ay.
[ Gritos ] -No hagas eso.
-Sí, sí, porque es que... -No, no, Lourdes.
-Eso hay que hacerlo.
-Por Dios.
[ Gruñidos ] -Por Jesús, María y José.
Cómo pesa.
-¿Qué hora es?
[ Tocan la puerta ] [ Resuellos ] -Como sea, la cotilla esa de la Sra.
Peláez la mato.
De verdad que la mato.
-Un cadáver más.
Justo lo que nos hace falta.
-[ Suspira ] ¿No habíamos quedado abajo?
-Hay un pequeño problema con el coche.
-¿Qué problema?
-Que ya no hay coche.
Mi primo lo ha perdido jugando al chinchón.
-¿Cómo que al chinchón?
-Pasa, pasa.
-¿Y ahora qué hacemos?
-Lo siento, pero a rastras no podemos sacarle.
Así que me temo que -- -Invitado una noche más.
-Dejadme que piense.
No sé dónde puedo conseguir otro coche o un carro de algún tipo.
-Un carro, un carro.
-Puedes pedírselo a Manuel.
Te llevas muy bien con él.
-Si Julio dice que lo puede conseguir él, ¿para qué se lo vamos a pedir a Manuel?
-Bueno, yo creo que si podemos agotar todas las posibilidades, mejor.
Así que si podéis pedírselo a Manuel, hacedlo.
-Bueno, pero no prometo nada.
-Mañana solucionaremos esto, os lo prometo.
Y abrid una ventana.
-A mí me va a dar un soponcio.
-Julio, espera.
Quería darte las gracias.
Sí.
Bueno.
Y también quería preguntarte por qué nos estás ayudando.
-¿Y quieres que te diga la verdad?
-Bueno, yo lo he hecho, ¿no?
-Cuando mi padre empezó a tener problemas con don Benito, acudió a los comerciantes de la zona, conocidos, amigos de toda la vida.
Eso creía él.
Desaparecieron de un día para otro.
Le dejaron solo.
Él no pudo hacerle frente.
Y estoy seguro de que tuvo mucho que ver con su muerte.
-Vaya.
Lo siento.
-Elena, me has metido en un asunto muy peligroso y muchas veces tengo que contar hasta 10 para no gritarte.
Pero no dudas en poner tu vida en peligro para ayudar a alguien.
Y podías haberte dado la vuelta y seguir con tu vida de marquesa, pero decidiste impedir una injusticia.
Así que, ¿por qué te ayudo?
Porque si hubiera más personas como tú, gente como tu marido y como don Benito no lo tendría tan fácil, y este mundo sería mucho mejor y probablemente mi padre seguiría vivo.
Eres especial, Elena.
Eres única.
Y nunca he conocido a nadie con un corazón como el tuyo.
Y sí, desde que llegaste mi vida es mucho más caótica.
Pero mejor.
Mil veces mejor.
-Yo pensaba que me odiabas.
-Bueno, mitad de lo uno y mitad del otro.
-¿Y ahora qué mitad gana?
-Ahora esta.
[ Bocina ] Sí.
-Que corra el aire.
-Dios.
-Es tarde.
Yo me tengo que ir.
-[ Carraspea ] Sí, yo también.
-Me voy.
-Julio.
Julio.
-¿Qué?
-Yo vivo hacia allí y tu casa está por ahí.
-Sí, sí.
-Sí.
-Adiós.
-Adiós.
-Elena.
-¿Qué?
-¿Estás bien?
-No lo sé.
-Ni hablar del peluquín.
Si queréis moverlo, conmigo no contéis.
-Pero ¿cómo vamos a dejarlo aquí?
-Que no lo muevo.
Que las únicas que hemos movido al fiambre hemos sido la niña y yo.
-Que el hielo además se ha acabado.
¿Para qué lo quieres llevar a la bañera?
-¿Qué pasa?
-Que me niego a llevar a este a la bañera.
Si queremos hacer algo a mitad de la noche, que yo con tantos nervios estoy un poquito suelta.
-Que yo no lo toco más.
Perdón, pero no.
-Bueno, ya está.
Pelayo se queda aquí, y nosotras nos vamos a dormir.
Yo hoy...yo ya no.
Es que no -- Hasta mañana.
-Hasta mañana.
-Oye.
Qué lío.
-Desde que llegaste mi vida es mucho más caótica.
Pero mejor.
Mil veces mejor.
-Yo pensaba que me odiabas.
-Bueno, mitad del uno y mitad del otro.
-¿Y ahora qué mitad gana?
-Ahora esta.
-[ Exhala fuertemente ] [ Cierra la puerta ] -Jesús, qué escandalera.
¿Qué es eso?
-A lo mejor es el muerto, que le ha entrado hambre y quiere picar algo.
-Cállate.
No me digas esas cosas, que me asustas.
[ Se ríen ] ¿Y a ti qué te pasa?
¿Por qué no duermes?
-Es que sigo pensando en Miguel.
Cuando le diga que mañana tampoco puedo ir a ver al cura, se va a coger un mosqueo.
-Tú tranquila, luego vas, le haces unos arrumacos y se le pasa.
Los hombres son así.
Venga, a dormir.
-Eso, que tú mañana a primera hora tienes una cita.
-[ Riéndose ] Jesús.
¿Una cita yo?
Mira, no cato varón desde los tiempos de Maricastaña.
Ojo, que tampoco lo echo de menos.
-Una cita con el médico.
¿Se te olvidaba o es que te quieres librar?
-Ah, eso.
-Claro que eso.
Es que no quiero que acabes como tu madre, Lourdes.
Mañana a primerísima hora vas a ver al Dr.
Sarabia.
Como te vea aquí cuando me despierte, te la cargas.
Te lo digo en serio.
-Ceci.
Ceci, ¿estás despierta?
-Ahora sí.
-¿Estás bien?
Has puesto cara rara cuando te he dicho lo de pedirle el carro a Manuel.
-No, es que Manuel se puede ir a freír espárragos.
-Ay, chica, de confianza.
Puedes utilizar palabras más expresivas.
-Entonces Manuel se puede ir a la mismísima mierda.
-[ Se ríe ] ¿Qué pasa?
Que le dijiste que te gustaba y no fue bien, ¿no?
-No le dije nada.
Es otra la que le gusta.
Y normal.
La otra es un bombón y más lanzada.
Y yo, pues... soy del montón.
-No digas eso.
Tú vales oro.
-No exageres.
-Es verdad.
Eres una jabata.
Piensa que la gran mayoría de la gente que hubiese pasado por lo que has pasado tú no habría salido adelante.
-Bueno, lo haces cuando no te queda más remedio.
-No te hagas de menos.
Eres muchísimo más fuerte de lo que tú te crees que eres.
Y sé que vas a poder hacerlo.
-¿A poder hacer qué?
-Pues, hablar con Manuel, aunque te duela.
Sabes que necesitamos el carro, ¿no?
-Ah.
¿Todo este discurso era por eso?
-Pues no, no.
Es lo que pienso de verdad, pero necesitamos el maldito carro.
-Está bien, hablaré con él.
-Tampoco pongas esa cara, mujer.
-No, es que de vez en cuando me vienen unas ráfagas.
Que mal huele el tipo ese.
Y no sé si la Sra.
Peláez va a aguantar esta peste sin dar la voz de alarma.
-Yo creo que se puede arreglar.
-[ Olfatea ] -[ Bosteza ] [ Olfatea ] Sigue oliendo raro, ¿no?
-Pero de una manera distinta.
Huele fuerte, pero no a podrido.
¿Y esto?
-¿Esto?
Bueno, lo que huele así son los mohos y las bacterias que actúan en la curación, que también hacen que te huelan mal los pies.
Pero bueno, eso no se lo vamos a contar a los clientes.
-Ay, por Dios.
¿Qué es esto?
-A ver.
He hablado con la Sra.
Peláez.
Le he dicho que vamos a utilizar la casa como almacén de los quesos, y que si algo huele raro es por esto.
Se ha puesto echa un basilisco, pero me da igual.
-Así no llamará la policía.
-¿Has visto como mi metedura de pata ha servido para algo?
-Pero no vuelvo a comer queso en mi vida.
-Yo tampoco.
-Pues si lo del olor está solucionado, voy a por ese carro.
-Elena.
Hola.
-Hola.
-¿Qué haces?
-Nada.
O sea, sí, estaba aquí con el -- Perdón.
Perdón.
-El coche.
-¿El coche?
-Que no, que no encuentro otro coche, que no... Vamos, que todo el mundo que tiene uno está fuera de Madrid o no me lo pueden dejar.
Entonces no sé lo que...que no sé lo que vamos a hacer.
-Sí.
No.
Cecilia está intentando conseguir el carro del colmado.
-Bien.
Bien.
-[ Carraspea ] -¿Y si no lo consigue?
-Creo que necesitamos un poquito de optimismo, porque si nos ponemos en ese plan... -Bueno, lo que quiero decir es que a lo mejor... A lo mejor deberíamos aceptar la propuesta de don Benito.
-No, no, eso ni muerta.
Pensé que querías ayudarme.
-Y quiero, y quiero.
Claro que quiero.
Pero que no estoy acostumbrado a deshacerme de cadáveres.
Y supongo que don Benito tiene bastante más experiencia en estos asuntos.
Que simplemente estoy barajando todas las opciones.
-Es que no es una opción.
-No, es que no es una opción.
Nos encargamos nosotros.
-Sí, lo haremos nosotros.
Y además va a salir bien.
Todo va a ir bien, creo.
-¿Y querías algo más?
-¿Algo como qué?
-No sé.
-Bueno, ¿tú querías hablar de algo más conmigo?
-Yo preguntaba.
-Preguntabas.
-Sí.
-Bueno, si tú necesitas algo, yo salgo, pero vuelvo.
-¿Pero te vas?
-Pero vengo.
-Sí.
-Sí.
[ Tintineo ] -A ver, la mosquita muerta esa que acaba de entrar.
Dime qué te pongo.
-No, yo venía a hablar... -¿Cómo que "yo no"?
¿Qué te crees, que esto es un parque?
¿Venías a dar un paseíto?
Venga, dime que te pongo, que no tengo todo el día.
-Deje, madre.
Ya la atiendo yo.
Siga usted con el inventario, que yo me lío con las cuentas.
-Desde luego, con lo que tú no te líes con las cuentas, con el inventario, con todo eso.
-Qué raro verte por aquí.
Cómo estás tan ocupada.
¿Qué querías?
-Que nos dejes tu carro hoy.
-¿Para qué?
-¿Para qué va a ser?
Para llevar cosas.
No te lo pediría si no fuera importante.
-Imposible.
Es que yo también estoy muy liado.
Cuando no estoy aquí, estoy haciendo el reparto y cuando no... Además, que si entera mi madre me mata.
-Por favor.
-Claro está que mi madre no tiene por qué enterarse.
-¿Eso es un sí?
-No.
Eso es tú necesitas un favor y yo otro.
-Si quieres sacar a Ana a chusmetear por ahí, no necesitas mi ayuda.
-Sí, sí que necesito.
Sí.
Que Ana, ha visto de todo.
Yo soy muy borrico.
¿Quieres el carro o no?
-Igual hay un sitio que le puede gustar.
Si quieres que te lleve, venga.
Arreando.
-Espera.
¿Ahora?
-Ahora o nunca, que luego empiezo el turno.
-Madre, voy a hacer los repartos.
Corre.
Corre, corre, corre.
-Pero ¿cómo te vas a ir si me has dejado con el inventario?
¿Tú me quieres volver loca a mí, membrillo?
-Ahora vengo.
[ Toca música alegre ] -Vamos.
Este sitio es la pera.
-Y tienes de todo.
Música, tómbola, unos churros buenísimos.
Aquí te pones y echas la tarde entera.
-¿Cómo no había venido yo aquí antes?
Tengo que salir más del colmado.
-Bueno, pues ya lo has visto.
¿Nos vamos?
Necesito el carro para hoy.
-De eso nada, monada.
Tenemos un trato.
Primero me ayudas a conquistar a Ana y luego el carro.
Vamos.
¿De verdad tú crees que si traigo aquí a Ana esto le va a gustar?
-¿Cómo no le va a gustar?
Si tú mismo lo has dicho.
Este sitio es la pera.
[ Niños riendo ] Es mi favorito de Madrid.
Anda que no me he pasado tardes yo aquí.
-¿Con tu novio?
¿Quién es?
¿Le conozco?
-No seas cotilla.
Yo no tengo de eso.
-Uy, que no.
-Ven, anda.
Vamos a por garrapiñadas.
-¿Ceci tiene novio?
¿Quién es?
¿Un guapo?
-¿Nos pone unas garrapiñadas, por favor?
[ Toca música alegre ] -¿Qué haces tú aquí?
¿No estabas en el médico?
-Sí, sí, he estado.
Majísimo.
Me ha dado recuerdos para ti.
-No sé si me duele más que me mientas o que pienses que soy idiota.
Porque eso es lo que crees, ¿no?
Que me chupo el dedo.
-Rosa, yo no necesito médico ninguno.
-Me lo prometiste.
Teníamos un trato.
[ Abren y cierran la puerta ] [ Gimotea ] -Pero mujer, mujer, que casi te rebanas el dedo.
Ven.
-Ya lo sé.
No es nada.
-Sí, sí, no es nada.
Ay, Dios mío.
-Ay.
-A ver.
Toma.
Toma un trapo.
-Dios.
-A ver, es normal que estés nerviosa.
Sí, es que llevamos dos noches sin pegar ojo.
-Si fueran solo dos noches.
Yo ya no recuerdo la última vez que dormí bien.
Debo de tener unas ojeras.
-Pues no hay nada que una buena crema no pueda curar.
Me la trajo un novio que tuve.
Receta india.
Creo que lleva veneno de serpiente o algo así.
Los males no te los cura, pero te deja un cutis.
-Gracias.
-Oye, y además del problemita de la alfombra, ¿te pasa algo?
-Sí.
No.
Sí.
-Ya.
Anoche cuando volviste a hablar con Julio estabas un poco rara.
¿Ha pasado algo?
-No me digas más.
Problemas femeninos, ¿no?
-Tú sí que me conoces bien, Canario.
Pasamos muchas horas juntos, somos muy distintos y nos hicimos socios sin saber nada el uno del otro.
Y claro, la tensión crece, crece.
Bueno, tanto crece que al final uno no puede más.
-Julito, que me refería tu mujer.
-Claro, claro.
Lola.
-Lola, sí.
Pero ahora me vas a contar qué ha pasado con tu socia?
-Mira, yo ya no sé si es la falta de sueño, que no sé ni lo que hago.
-No sé cómo pudo pasar.
-O tantas emociones juntas.
Anoche nos besamos.
-Anoche nos besamos.
-¿Y qué tal?
¿Qué tal?
¿Te gustó?
-Roberto, por favor, que soy un hombre casado.
-¿Y?
¿Repetirías o no?
-El caso es que no lo soporto porque siempre acabamos discutiendo.
-Es terca, orgullosa y me va a volver loco.
Me vuelve loco.
-Pero es que luego me dice unas cosas tan bonitas que tengo la sensación de que puedo confiar en él.
-Es lista, es valiente.
-Y está de toma pan y moja.
-¿Qué hago?
-Darte una alegría para el cuerpo.
-Que está casado.
-Y tú viuda.
Y te pasaste años aguantando al marqués ese asqueroso.
La vida son dos días, Elena.
Disfrútalo que te lo mereces.
-A mí es que estas cosas me dan mal fario.
-[ Riéndose ] No seas bobo.
Será divertido.
Hola.
-La gran Esmeralda os da la bienvenida.
Todo está en las cartas.
¿Qué queréis saber?
-Venga, pregúntale algo.
Venga.
-Bueno, hay una chica.
-Ya veo.
-Y quería saber si las cosas nos van a salir bien.
-Los enamorados.
Presiento que una relación está a punto de empezar.
-¿En serio?
Vamos, ¿que la cita va a ir muy bien?
-Yo diría que está yendo de categoría.
Os auguro un gran futuro juntos.
-¿Nosotros?
-No.
-Pero nosotros no... -No.
No.
-No.
No.
-No.
-No.
No.
-No.
Solo somos amigos.
-De momento.
-Qué va.
Si a mí la que me gusta es otra.
Y me preguntaba pues si iba a haber tema.
Ya me entiende.
-Nada está escrito, cariño.
El amor hay que trabajarlo día a día.
-Claro.
Pico pala, pico pala.
Lo que yo decía.
Pero bueno, me quedo mucho más tranquilo.
Gracias por el futuro.
-Muchas gracias.
-El amor es como estas cartas, querida.
No todos saben leer lo que tienen delante de sus narices.
-No me digas.
-No fumo.
Fumo de vez en cuando.
Me doy alguna calada cuando estoy nerviosa.
Ni se te ocurra decírselo a Elena, que eres un bocazas.
-De verdad que no entiendo por qué me tienes tanta tirria.
-Eres vago, chulo y prepotente.
Igual eso te da alguna pista.
-Entendido.
No me aguantes.
Pero tú tranquila, que soy una tumba.
-Gracias.
-Te traigo las peras ya laminadas.
Las he tenido en almíbar unas horas, como me pediste.
-Será la primera vez que haces algo de lo que te pido.
-Rosa, gracias por no contar lo mío.
-Se van a acabar enterando.
Si piensas que con un poquito de hielo te vas a curar, mal vamos.
-Iré a tu médico, pero con dos condiciones.
La primera, que llames a Miguel y le digas que no quieres dejar eso cuando os caséis.
-Pero ¿qué tienen que ver las churras con las merinas?
-Mucho.
Tú y yo tenemos el mismo problema.
Ninguna de las dos quiere perder este trabajo.
-Ya, pero es que Miguel es muy suyo.
Si se lo dijera, no se lo iba a tomar bien.
-Hija, ¿tú estás segura de que ese chico es bueno para ti?
-Pues claro.
Nos queremos.
Bueno, ¿y cuál es la segunda condición?
-Que vengas conmigo.
Que no he ido nunca a un matasanos de esos y... tengo miedo.
-¿Cuántas mesas?
-Cuatro.
-Bien.
Con un poco de suerte se irán pronto y podremos ocuparnos de lo otro.
-Es que manda narices.
Estábamos deseando que se llenase el restaurante de clientes y ahora que los tenemos queremos que se larguen.
-Oye, ¿Cecilia no ha venido aún con el carro?
-No, todavía no.
Bueno, debe estar al llegar.
Tranquila, tranquila, que lo tenemos todo bajo control.
-Señoritas, problema resuelto.
He conseguido darle puerta a los quesos, así que no hay de qué.
-¿Pero cómo?
-Bueno, he tenido que mover unos hilos y un amigo puede revenderlos en un par de mercados.
Nos paga poco, eso sí, pero, oye, mejor eso que aguantar semejante olor a pies, ¿no?
-Roberto, muchísimas gracias.
No sabes cómo te lo agradezco, de verdad.
Gracias.
-Por favor, por mis jefas, lo que sea.
-Bueno, pues al menos nos ha hecho un favor.
Porque claro, con tanto queso de contrabando se iban a echar a perder.
-Igual, Roberto no es tan malo como creías.
¿Se puede saber dónde está Cecilia por Dios?
-Bueno, pues la divina ya te ha dicho que la cita va a salir bien, ¿no?
¿Podemos irnos ya?
-Menos prisas, que me tienes que ayudar.
-¿Y qué te crees que llevo haciendo toda la tarde?
-Sí, el sitio es estupendo, pero igual me traigo a Ana y empiezo a tartamudear.
Yo no sé cómo decirle a una chica que me gusta.
-Vamos a ver.
Lo primero es encontrar un sitio bonito.
Si hay música de fondo, mejor que mejor.
Luego dile que las horas se te pasan volando cuando estáis juntos.
Y échale algún piropo.
A las chicas nos gustan esas cosas.
-Que las horas se pasan volando cuando estamos juntos.
Y el piropo.
¿Mejor al revés?
-¿Por qué no lo intentas?
Cierra los ojos.
Cierra los ojos.
Imagínate que yo soy Ana.
-Ana.
Ana.
Mira, Ana, yo... Cuando estoy en el colmado, pienso en ti.
Cuando estoy haciendo el reparto, pienso en ti.
Y cuando me voy a ir a dormir... -Ya me ha quedado claro.
Vamos a probar otra cosa.
Dile algo así.
Me gusta pasar tiempo contigo, y me busco cualquier excusa para hacerlo.
Pero luego, cuando estamos juntos y te miro, me pasa algo muy raro.
Es como si el tiempo se congelara, pero el corazón me fuera mucho más de prisa.
Demasiado cursi, ¿no?
-Qué va.
Ha sido perfecto.
Qué bien hablas.
Contigo todo es mucho más fácil.
-Qué cosas.
-Pero claro, Ana es distinta.
Es mucha mujer.
Es guapa, con clase.
-Ya, no como otras.
-Qué va.
Está a otro nivel.
-Claro, los demás somos del montón, ¿no?
Pues nada, suerte con tu cita.
-Pero ¿y a esta qué bicho le ha picado?
Ceci.
Ceci.
¡Cecilia!
-Llevas todo el camino de morros.
¿Se puede saber qué te pasa?
-Nada, Deja el carro ahí.
Mañana vienes a por él.
-Pero ¿dónde estabas?
Qué nos tenías en ascuas.
¿Y a esta qué le pasa?
-Vete tú a saber.
Oye, Ana, que he estado pensando y, bueno, igual algún día, cuando a ti te venga bien, podríamos quedar un rato.
-¿Para qué?
-Para charlar, pasear, comer garrapiñadas y lo que surja.
-¿Me estás pidiendo una cita?
-Sí.
No, no, no.
No, no.
Depende.
¿Quieres?
Manuel, eres muy majo.
Me caes muy bien, pero no me gustas.
-Si es por las garrapinas, podemos hacer otra cosa.
Aunque te prometo que es un plan divertidísimo.
Ceci y yo lo hemos pasado de bien.
-Pues pídeselo a ella.
-Bueno, Cecilia y yo solo somos amigos.
-Bueno, porque tú quieres.
¿Pero no has visto la cara que se le pone cada vez que te ve?
-A ver, ¿yo le gusto?
-Pues claro que le gustas, alma de cántaro, claro que le gustas.
Mira, Cecilia es un pedazo de mujer.
Y por algún motivo que todavía no consigo entender, se ha fijado en ti.
Y tienes mucha suerte, Manuel.
Así que cuanto antes dejes de perder el tiempo, mejor que mejor.
-Julio ya está aquí.
-Ahora sí que sí.
Ha llegado la hora.
-Sí.
Yo me quedo vigilando la escalera y Lourdes, tú la calle.
Y si viene alguien, silbamos.
-No, no, silbar no, que se me da muy mal.
Mejor canto algo.
-Pero ¿cómo te vas a poner a cantar en mitad de la madrugada, Lourdes?
-Anda, esta.
Y los amigos esos que subes a casa, ¿esos no hacen ruido?
-Bueno, no, chicas, no empecéis.
Por favor, os lo pido.
Vamos a estar a lo que hay que estar.
Hay que bajarlo.
Pues vamos.
[ Gruñidos ] -Pues con lo que pesa esto, ¿alguna podría acompañar a Julio a llevarlo al río?
-¿Qué?
Support for PBS provided by:
















